jueves, 18 de diciembre de 2008

El obispo pide que le reciban sin prejuicios, como él llega a Málaga

Por Ignacio A. Castillo

Desde que se hiciera oficial su nombramiento como obispo de Málaga el pasado 10 de octubre, muchos han sido los dimes y diretes, los rumores y las informaciones que han circulado en la diócesis en torno a la figura de Jesús Catalá, purpurado en Alcalá de Henares durante los últimos diez años. Los tres primeros días de gobierno episcopal han servido para desmentir algunas de esas especulaciones, con más o menos fundamento. Y si quedaba alguna duda, el nuevo prelado ofreció ayer una rueda de prensa en la que, consciente de esta situación, pidió ser recibido sin prejuicios. “Yo llego a Málaga abierto al diálogo sincero”, insistió Catalá en su primer encuentro con los medios de comunicación, en el que se mostró como un obispo accesible y con ganas de agradar.
De hecho, advertido quizás del gran poder de convocatoria de las cofradías y hermandades y de la influencia que pueden llegar a ejercer en la toma de algunas decisiones, Catalá fue conciliador y lanzó un mensaje de aliento a los cofrades, puede que el sector de la Iglesia de Málaga que con más recelo esperaba la llegada del nuevo prelado. “Quiero conocer, impulsar y potenciar la vida de las cofradías en la ciudad”, destacó, a la vez que agradeció el trabajo realizado por los voluntarios, la mayoría jóvenes cofrades, en la eucaristía del sábado en la Catedral.
Según el obispo, tanto en Valencia, su tierra natal, como en Alcalá de Henares, hay también cofradías. “Málaga puede que sea especial por el número de hermandades y porque la cultura es distinta a la castellana”, dijo Catalá, quien animó a los miembros de las cofradías a que vivan la fe y que profundicen en la vida cristiana. “Pido a los cofrades que sean buenos cristianos y estoy seguro de que vamos a trabajar con ilusión”, sentenció, a la vez que valoró la piedad popular como una forma de expresión muy importante en la fe del pueblo.
Catalá llega a Málaga precedido por unas polémicas declaraciones sobre la homosexualidad que realizó hace cuatro años en Alcalá de Henares. Ayer quiso dejar claro que sus manifestaciones fueron tergiversadas y sacadas de contexto por el periódico que las difundió. Por ello, ayer sentenció: “Si algún periódico dice que estoy contra los homosexuales, mentirá”. El prelado mostró su respeto y cariño hacia los homosexuales. “Otra cosa es el criterio moral de la homosexualidad”, explicó, sin querer profundizar más en el tema.
El obispo, del mismo modo, pidió tiempo para conocer la diócesis antes de plantear cambios, retos y proyectos. “Les pido que se pongan en mi lugar. Un nombramiento es como cuando se trasplanta una planta, que al tirar de ella, hay raíces que se quedan en la tierra y otras se van con la planta a otro lugar. Así, en un traslado a uno se le pide perder parte de sí mismo”, señaló.
Sus prioridades, de aquí a que termine el año, será visitar un hospital, una residencia de ancianos, un centro de acogida de transeúntes y la cárcel. “Quiero encontrarme con la gente que no pudo el sábado encontrarse conmigo y quiero hacerlo esta misma semana”, concluyó.
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