Málaga sabe esperar con paciencia tradicional la llegada de sus devociones principales y vive la festividad de la Virgen del Carmen por partida doble. Si el pasado miércoles, la mayoría de los barrios y municipios del litoral ya se vistieron de marengos, como cada 16 de julio, el domingo, el Centro, La Malagueta y Huelin hicieron lo propio, aunque, además de la típica indumentaria marinera, se revistieron de túnica marrón carmelitana y trajes de neopreno.
La jornada carmelita malagueña se inicia bien temprano, a las ocho de la mañana, con el inicio del rosario de la aurora de la Virgen del Carmen Coronada desde El Perchel hasta la Catedral. La Virgen, acompañada como siempre por sus innumerables fieles y devotos, salió sobre la primera fase de su futura peana, con dos angelitos del malagueño Juan Vega que portaban una estrella y un ancla.
La ceremonia religiosa en la Catedral estuvo presidida por el deán de la Catedral, Francisco García Mota, y no por le obispo, como suele ser habitual. Tras la eucaristía, la Virgen salió por la puerta principal del primer templo, en dirección al edificio de la Autoridad Portuaria, en el Puerto, junto al muelle 2 donde por la tarde fue embarcada en el remolcador ‘Dieciocho’, desde donde bendijo, como cada año, las aguas de la bahía malagueña.
Salvas de cohetes anunciaban el gran momento, mientras la banda de la Expiración protagonizó la primera parte de su actuación en su también, larga jornada carmelita.
El blanco y el marrón adornaban cada rincón del barrio de El Perchel desde que comenzó la novena y así seguían el domingo, cuando la procesión triunfal de la Virgen del Carmen Coronada, desde el Puerto hasta su sede canónica, puso el broche de oro a un intenso mes de julio, plagado de cultos y actividades. 14 horas ininterrumpidas con la principal devoción carmelita y un último tirón que comenzó a las ocho de la tarde, tras el desembarco de la Virgen, con la salida del cortejo procesional desde el Puerto.
La comitiva contó con la presencia de la banda de cornetas y tambores del Carmen, en la cabeza. Una amplia representación de hermanos con velas formaba parte de la procesión, así como numerosos mandos de la Comandancia de Marina, con sus impolutos uniformes blancos, dando la necesaria oficialidad al recorrido de la imagen por la plaza de la Marina y el lateral izquierdo de la Alameda Principal.
La Virgen fue procesionada sobre la carpintería del que será su futuro trono. Aún no está tallado ni, por supuesto, dorado, pero promete ser una joya. Lucía cuatro arbotantes en cada esquina, aún incompletos, puesto que le faltan los brazos que rematarán estas estructuras de luces. La imagen de Navas Parejo aparecía más elevada que cuando salía en el antiguo trono de orfebrería, utilizado hasta el pasado año. El exorno floral estaba compuesto por rosas, fresias y aromáticas varas de nardos, todo en color blanco.
Los portadores lucían sus ya clásicas túnicas de color marrón y llevaban el trono dejándose guiar por las órdenes de los mayordomos y capataces y por las marchas procesionales interpretadas por la banda de la Expiración.
La Pasión de Málaga